La sociedad en la que vivimos es altamente consumista. Debemos mirar lo que tenemos cerca y potenciar su consumo, así como repensar qué tipo de ciudadanos queremos ser a raíz de la crisis provocada por el covid-19, entendida también como una oportunidad de adaptación. ¿Conseguiremos ser más igualitarios y justos? ¿Más verdes y menos contaminante? ¿Deberíamos empezar ya a cambiar algunos hábitos?
En el siglo XXI tenemos una estructura social basada en el consumo a gran escala. Entre la infinidad de tiendas que hay, las llamadas “tiendas de toda la vida” terminan en un segundo plano dirigidas a un público muy pequeño pero fiel, ya sea por la edad o por un conjunto de ideales.
Hemos sido acostumbrados, en parte, a apreciar ciertas marcas por el estatus que dan: el nombre de la marca, la asociación que hacemos de la calidad o, por ejemplo, por la infinidad de publicidad que recibimos diariamente. En medio de esta realidad y del ritmo de vida que se lleva en las grandes ciudades, la tienda de la “Sra. Carla” cerró porque tenía un sólo cliente al día o la del “Sr. José” porque los vecinos prefieren ir a un gran supermercado donde pueden encontrar todo lo que quieren en un solo espacio.
Esta situación refleja cuán frágil es el sistema en el que vivimos y la importancia de la proximidad en la economía de cada ciudad, región o país
Así pues, con el tiempo las calles se vacían y nuestra ciudad se empobrece en industria. Reflexionando sobre situación se refleja cuán frágil es el sistema en el que vivimos y la importancia de la proximidad en la economía de cada ciudad, región o país.
VENTAJAS DEL COMERCIO DE PROXIMIDAD
El comercio de proximidad tiene muchas ventajas, además de su lado económico tiene un lado ecológico muy importante y debemos aprovechar la situación originada por la Covid-19 para reflejar qué tipo de ciudad queremos a nivel general pero también a nivel comercial.
Los impuestos locales favorecen que un importante flujo de dinero público mejore la ciudad y la haga más funcional para los ciudadanos.
La elección de una tienda o un mercado de barrio es una pequeña contribución de cada uno, pero que al final genera muchos beneficios, estimula la economía, el espíritu empresarial y crea puestos de trabajo. Además, cuando hay gasto local se reduce la presión ambiental porque se están consumiendo productos de la región que no tienen que atravesar países o, a menudo, continentes para llegar al consumidor.

Igualmente, la gente no utilizará tanto el coche al comprar productos locales y de proximidad, aumentará la confianza en el producto ya que se potencia el comercio justo así como la correcta remuneración de la persona o empresa que los fabrica. Las compañías locales pagan sus impuestos donde están, en contraste con la gran mayoría de algunas multinacionales, que pagan sus impuestos donde tienes mejores condiciones. Los impuestos locales favorecen que un importante flujo de dinero público mejore la ciudad y la haga más funcional para los ciudadanos.
Estos son algunos de los factores positivos del comercio local y de cercanía que deberían hacernos replantear nuestra forma de actuar sobre el consumo y cómo queremos que sirva a la sociedad en la que estamos incluidos. El futuro está en manos de cada uno de nosotros y al agregar cada grano de arena estamos contribuyendo a un mundo más ecológico, justo y saludable.
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